Respiración, observación y concentración

Posiblemente, sea cual sea tu edad y ocupación, estés oyendo con frecuencia dos de las tres palabras que dan título a este texto: Concentración y observación. Se lo dicen los profesores a los estudiantes que pasan mucho tiempo encima de los libros sin logran asimilar su contenido. Se repite en las oficinas, en los despachos de los profesionales, ante informes que encierran interesantes ideas que se pierden en una maraña de faltas de ortografía, o en una farragosa redacción. Lo oí anteayer cuando tropecé en el último escalón y volqué el jarrón de flores. ¡Es que no me escuchas! comentaba en el parque una joven a su pareja. ¡No estás en lo que estás! me suelo repetir cuando mi cara de despiste traduce un estado de conciencia que la voz popular resume en una frase: ¡Se me ha ido el santo al cielo!

Todo este paisaje refleja el mar de la dispersión, la marea de impresiones en las que vamos nadando, subiendo y bajando con las olas de mil estímulos. También podemos describir estas aguas en calma. Supongo que por el cansancio de tanta brazada, de tanta respiración acelerada, solemos dormirnos. Pasamos de la excitación a la inconsciencia. Seguro que también reconocerás esta situación a la que abocamos cuando decidimos relajarnos. Nos sentamos, nos tumbamos y decidimos olvidarnos del mundo que nos rodea. Lo más frecuente es dormitar, o dejarnos llevar plácidamente por la balsa de algún pensamiento placentero.

El caso es que tampoco tomamos conciencia del momento presente. Aquel que estamos habitando con nuestro ser, mente y cuerpo. Suena muy filosófico, con evocaciones románticas la máxima: vivir el instante. Y para el acercamiento a tal cima utópica solo se me ocurre empezar con un primer paso. Aprender a ser conscientes de ese mismo paso. Concentrar la mente en ese primer vehículo que la contiene y le permite vivir, es decir el cuerpo, y en su más elemental pulso, que es la respiración.

La psicología y los profesionales de la salud reconocen la importancia de una buena respiración. Se sabe también que cuando el cuerpo está sujeto a tensión responde con una restricción respiratoria y comienza un circulo de malestar y falta de energía. Por otra parte, todas las tradiciones espirituales recomiendan como primer umbral de una profunda meditación, el aprendizaje de la concentración y la observación. Se trata de encontrar en nuestra actitud y en nuestro gesto un equilibrio tal que nos permita estar despiertos, atentos y concentrados. A continuación os transcribo uno de los muchos ejercicios, de sencilla ejecución, que pueden ayudarnos en esta tarea. El sentido de su práctica está sobre todo en acostumbrarnos, en habituarnos a tal toma de conciencia, de modo que luego, en cualquier momento de la vida cotidiana actualicemos esta actitud. Creo que no existen situaciones especiales por si mismas, sino actitudes personales que las llenan de significado y profundidad, permitiéndonos sentirnos vivos.

Ejemplo de un tipo de ejercicio para mejorar la concentración y observación:

  • Échate de espaldas en un lugar que te resulte cómodo y estírate separando un poco las piernas, y dejando los brazos relajados a los costados.
  • Intenta reconocer tu ritmo de respiración: Primero inspira desde el abdomen, de forma larga y lenta, y espira de igual manera. Luego, espera hasta que la inspiración siguiente te sorprenda. Es decir, espera hasta que tu cuerpo te pida respirar. Sigue esta misma secuencia, relajándote y con atención en los movimientos de inspiración y espiración: Una inspiración larga que se va fundiendo con una espiración larga, una pausa y espera a que el cuerpo responda con su próxima expiración.
  • Un segundo paso: A medida que hagas tu inspiración larga y lenta, ve cerrando en un puño la mano derecha. Tensa el puño lo suficiente para saber que está tenso. Concentra toda la tensión en el puño derecho. Al espirar, afloja esa tensión, deja que se vaya y siente como va desapareciendo durante la larga espiración. Después haz una pausa y espera que llegue naturalmente la siguiente inspiración en la que tensarás el brazo derecho entero hasta el hombro, siguiendo las mismas pautas. Trata de sintonizar con las sensaciones que percibes. No hay respuestas acertadas o erróneas. Y sigue luego este mismo ejercicio, con la parte izquierda.
  • Tercer paso: Vamos ahora con la parte inferior del cuerpo, haciendo lo mismo pero con las piernas derecha y luego izquierda. Añade la cadera y la nalga derechas a la pauta de tensión. Emplea los movimientos respiratorios más largos y lentos que puedas realizar sin sentir incomodidad.
  • Finalmente: Tensa manos, brazos, piernas y nalgas mientras vas inspirando muy despacio. Funde la inspiración con la espiración y simultáneamente relaja la tensión en brazos y piernas. Sigue aflojando hasta que te quedes sin aire y entonces haz una pausa en espera de la inspiración. Repite varias veces la secuencia. Luego descansa y disfruta de las sensaciones corporales durante un rato. Cuando creas que es suficiente ponte en pie con lentitud.

Pepa Arcay
Coach Personal
p.arcay@la-llamada.com
www.la-llamada.com

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