Mirando con el corazón
La vida en pareja, como cualquier otra forma de convivencia, no siempre es una camino de rosas, porque el hecho mismo de vivir implica experiencias de todo tipo. Pero la vida supone la oportunidad de afrontarla desde diferentes actitudes y puntos de vista, lo que quiere decir que de un "conflicto" podemos sacar únicamente sufrimiento o por el contrario, más madurez y crecimiento personal. Igualmente, una "alegría" puede pasarnos desapercibida o sin embargo, ser motivo de gozo. Es necesario abrir bien los ojos para entender el sofisticado mundo en que vivimos, pero sobre todo, hace falta ver con el corazón para que no nos pasen desapercibidas tantas oportunidades de amar y ser amados. La vida en pareja es un territorio especialmente adecuado para practicar este tipo de mirada atenta, comprensiva y amorosa.
Quizás hoy al pasar por la floristería de camino a la oficina pensaste que tu esposo hace tiempo que no te regala flores. Te propongo un ejercicio: Durante el día, repasa aquellos detalles cotidianos o inesperados procedentes de comportamientos de tu pareja hacia ti, que te hacen sentirte arropada, querida, deseada, valorada, mimada o respetada. Quizás cosas semejantes a esa llamada inesperada el día que acudiste a la revisión ginecológica para saber si todo había resultado correcto. O esa forma suya de fregar los platos tratando de no hacer ruido cuando tú te quedaste durmiendo la siesta en el sofá. O su manera entusiasmada de explicar a sus padres sobre tu último ascenso profesional. O su nunca olvidado beso de buenas noches aún cuando asuntos de trabajo le hayan llevado a muchos kilómetros de distancia. O esa manera suya de decirte !ven! que suena a cómplice ternura. Luego, de vuelta a casa, cuando vuelvas a pasar por la floristería, compra una flor por cada uno de esos detalles escritos. Regálale el ramo a tu pareja junto con tu lista de detalles gratos.
La convivencia suele ser motivo de roces y fricciones. Aún cuando haya una gran afinidad surgen las diferencias. Hasta puede que en algún momento, te hayas dicho mentalmente: ¡Con lo bien que estaba de soltero, viviendo a mi aire! Para repasar en esos ratos en los que la vida en pareja se muestra principalmente como una dificultad, te recomiendo poner por escrito todas aquellas cualidades, aptitudes o actitudes que has descubierto en ti mismo por el hecho de que tu pareja te apoyó, creyó en ti, las intuyó y te quiso por ellas, antes de que tu mismo pensarás que ibas a ser capaz de actualizarlas. Quizás aún recuerdes como ella se preocupaba de que la casa estuviera en silencio cada anochecer para que tu pudieras concentrarte en la preparación de tu tesis doctoral. O cuan orgullosa se mostraba de sus dos empleos que te permitían preparar con tranquilidad tu primera exposición de óleos y afianzarte en tu verdadera vocación. O lo orgulloso que te sentiste cuando por verla feliz y no preocuparla, fuiste capaz de enfrentarte a tu adicción y buscaste ayuda profesional para superarla. Es importante comprender que quienes más nos aman, nos ponen a veces, frente a frente con aquellos aspectos más conflictivos de nosotros mismos, justamente porque saben que con la fortaleza que nos aporta su afecto, seremos capaces de crecer y superar los obstáculos que en solitario parecían insalvables.
Conviene también tener en cuenta que una vida de pareja exitosa no se construye únicamente sobre una base de emociones románticas, sino que además es un entramado de tareas domésticas, proyectos, rutinas, necesidades y hábitos cotidianos compartidos. Todo eso y el espacio de ternura que liga el conjunto, forma algo que no es tuyo o mío, sino "lo nuestro". Saberlo ver y apreciar es hacerse consciente de un tesoro que sirve de apoyo y sustento tanto en los momentos gozosos como en los tiempos de crisis. No olvides el esfuerzo compartido que supuso pintar el desván y ordenarlo para ganar una habitación a la casa. O los ratos invertidos en repasar las cuentas, mes a mes, para encontrar la forma de ir ahorrando lo necesario para vuestras primeras vacaciones. O la emoción cuando pudisteis organizar en vuestra propia casa la primera comida de Navidad.
Amar quiere decir también palpitar con agradecimiento. No únicamente por los aspectos materiales o los apoyos que nos brinda nuestra pareja o la vida en común, sino sobre todo, por la oportunidad y el recordatorio que significa querer y sentirse querido cada día. A veces, lo que más duele no es el desamor, sino la imposibilidad de dar, expresar y comunicar afecto y empatía. La vida en pareja nos ofrece cada día esa posibilidad de una forma concreta y personalizada. Pero para percibir ese don, es necesario ejercitarse en mirar con el corazón.
Pepa Arcay Coach Personal
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