Aprendiendo a vivir... ¡en familia!
Los padres encaramos la delicada tarea de criar a los niños hasta que son capaces de valerse por si mismos, y lo hacemos mientras nosotros mismos vamos creciendo como personas. Podemos enseñar a los hijos todo lo que sabemos, pero sin olvidar todo lo que también aprendemos de ellos y con ellos. Crear una familia, sea esta de las características que sea, supone que de la mano de la experiencia compartida, padres e hijos vamos aprendiendo a vivir.
Desde la perspectiva pedagógica y psicológica, el núcleo familiar es un espacio especialmente adecuado para que florezcan tres aspectos esenciales en el correcto desarrollo de la personalidad humana: el amor, la capacidad de disciplina y la autonomía.
- El amor que todos necesitamos, y especialmente los niños, es aquel que puede expresarse así: Te quiero, no por lo que haces o dejas de hacer, sino simplemente por ser tú quien eres.
- Este tipo de afecto:
- Infunde confianza en quien lo recibe
- Le ayuda a construir una imagen de su propio valor.
- Le induce a actuar sin temor a las consecuencias del fracaso.
- Para encontrar la manera de transmitirlo habremos de tener en cuenta:
- Condenar el pecado pero no al pecador.
- Alabar al niño por si mismo y no por sus actos.
- Hacerle manifestaciones del amor que por él sentimos.
- La disciplina supone una acción dirigida a un fin determinado. Los niños necesitan conocer la realidad y ajustarse a ella para aprender a utilizar las herramientas que tienen a su alcance y poder actuar con eficacia.
- Llegar a ser personas autónomas, disciplinadas, responsables, afectuosas y creativas supone haber tenido que empezar por reconocer y delimitar nuestra realidad. Sea para comprenderlos, trascenderlos, o simplemente explorarlos, todos los territorios de la vida han de ser definidos por unos limites, fronteras en las que se albergan derechos y deberes.
- Necesitaremos para recorrer estos espacios, hacer acopio de sentido común que nos permita afrontar con inteligencia los riesgos y tolerancia para mantenernos sensibles y abiertos a lo desconocido.
- Y mientras vivimos poniendo en práctica estas estrategias, se las vamos enseñando también a nuestros niños que a su vez nos están recordando, en la sencillez de su infancia, lecciones de comunión con el mundo, de confianza en la vida.
- El camino hacia la independencia y la autonomía, es una suerte de equilibrio en el que los padres pueden permitir a los niños, ciertos errores de juicio, pero no que se hagan daño.
- Toda una andadura que desemboca en fortaleza de ánimo. No podemos evitarles las frustraciones pero si podemos estar a su lado para enseñarles a aprender la lección de cada reto, el crecimiento que cada fracaso puede proporcionarles si saben leer la verdadera enseñanza que contiene.
- La autonomía llegará por si misma cuando aprendan por propia experiencia que el verdadero éxito llega cuando el ser humano es capaz de vencerse a si mismo.
Viendo crecer a los hijos en familia, los adultos recuerdan su propia responsabilidad como seres humanos, pertenecientes a la gran familia humana y comprometidos en la empresa de ser cada vez mejores personas. ¡Padres e hijos, aprendiendo a vivir!
Pepa Arcay Coach Personal
p.arcay@la-llamada.com
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